Jack parece un niño pequeño cuando habla de caballos. Me contó que lo primero que haría, de tener el dinero disponible, sería ir a Colombia para comprar dos machos reproductores, mientras me mostraba en su celular videos de especímenes valiosos, de esos que valen cientos de miles de dólares. Y es que soñar, por ahora, sigue siendo gratis. Jennifer sonríe con timidez mientras piensa, en voz alta, en cómo sería el reencuentro con su hija pues contaría con los recursos para verla, en la casa que le compraría a una amiga, en el carro para otra y en como ayudaría a muchas amigas más en Venezuela, de donde salió hace unos años huyendo de la dura realidad de su país.
Susana no quiere mucho, arreglar su casa y cambiar su carro por uno en el que se vea más elegante, más acorde a su trabajo en el que lo deja todo cada día. Marco compraría una pequeña finca en Guatemala, cerca de la capital. Tiene un poco mas de 50 años y desde los 20 vive en Estados Unidos. Quiere regresar con su familia y mostrarle a su pequeño hijo cómo es el país de su padre, ese del que tanto le ha hablado.
En medio de las dificultades del día a día así transcurrieron la últimas semanas en Estados Unidos: en medio de sueños e ilusiones. Dejando volar la imaginación. Millones de personas de todas las edades, sexo, razas, religiones, creencias políticas, extranjeros y nacionales, sintiendo sueños rondar por sus mentes, a toda velocidad, mientras con entusiasmo compraban el Powerball en medio de una fiebre contagiosa.
Para el passado sábado en la noche esta popular lotería estadounidense tenía mil 800 millones de dólares acumulados para el premio mayor. Un boleto de dos dólares con una probabilidad de ganarlo de una entre 292 millones. Suena imposible, por decir lo menos. Pero así, tan distante, la han ganado y muchas veces.
Es tal la gigantesca ola de compradores que en donde trabajo nació un grupo de personas unidas por sus anhelos de suerte. Tres dolares cada uno para comprar varios boletos y aumentar así las probabilidades. En un grupo de WhatsApp, llamado «The New Millonaire’s Club», se publicaron los números con los que estábamos participando.
Esta lotería juega los lunes, los miércoles y los sábados y para cada sorteo uníamos esfuerzos, recursos y sueños. Todos pujando por una combinación de números ganadora.
Lo cierto es que, en las últimas semanas, con cada millonario incremento del acumulado, aumentaban las filas que se registraban para comprar un tiquete. A veces eran bastante largas.
Lo comprobé directamente en diferentes lugares en los que fui a comprar boletos de Powerball. Claro, no me iba a quedar solo esperando a ganar en el grupo de trabajo. La suerte hay que tentarla por diversos lados. «Vaya y Dios un día de estos nos pegue un susto», le he escuchado a mi papá repetir por años cada vez que juega la lotería. Yo también la he comprado por años porque, al igual que él, guardo la ilusión de que un día Dios me pegue un susto de ese tipo. Y también, es una realidad, que nunca he ganado nada. Creo que la fecha es a lo único que le he atinado en las decenas o cientos de billetes comprados.
¿Mala suerte? No. Ese mismo Dios, que todavía no me ha dado el número ganador de la lotería, me ha regalado tanto que solo tengo gratitud.
Pero volvamos al Powerball. Ya cayó el premio mayor. Fue este sábado. El mismo que se acumuló desde finales de mayo tiene dos afortunados dueños. Mil 800 millones de dólares que podrán cobrar en 30 cuotas anuales o en un solo pago en efectivo de 826.4 millones, ya tiene dos propietarios. Dos boletos que fueron vendidos en Missouri y Texas. Seguro que las dos personas que los compraron también habían hecho sus cábalas. Seguro que mentalmente se habían gastado algo del dinero. No se llevan los mil 800 millones cada uno, pero con certeza, con la astronómica cifra que recibirán, podrán salir de deudas y algo les quedará para uno que otro capricho material.
Dicen que el dinero no es la felicidad, pero seguro que en algo se le debe parecer. Y bastante.
Este lunes en la noche comienza un nuevo sorteo. Arranca con 20 millones de dólares para el primer lugar y de no tener un ganador empezará a sumar millones y a acumularse con cada intento. Quizás baje un poco la fiebre del Powerball, pero siempre habrá jugadores con deseos de ganar y hacerse millonarios fácil y rápidamente. Como si fuera fácil aguantar el latido del corazón esperando ganar. Ahora el turno es para el Mega Million, otra afamada lotería estadounidense, cuyo siguiente sorteo, para este martes en la noche, ya cuenta con una bolsa mayor de 358 millones de dólares. Una cifra que no está nada mal. También permite soñar.
Yo, por mi parte, seguiré pensando en lo que haría en caso de ganar una cantidad de esas: viajar por el mundo tomado de la mano de mi esposa, disfrutar, asegurar el futuro de mis hijos, nietos y demás familia, así como ayudar a mucha gente, amigos, conocidos y desconocidos. Porque de eso se trata la vida, de ayudar cuando se puede y de soñar. Lo último, por fortuna, sigue siendo gratis.