Siempre saluda de la misma forma: “Qué precio tiene… la empanadita… la arepita… el buñuelito”. No importa, mientras sea algo de comer y el vendedor sea ambulante o de aquellos pequeños e informales comerciantes que hicieron de los garajes o frentes de sus casas un emprendimiento. Su voz es delgada y cálida. Siempre amable. Siempre con el mismo tono, ni muy alto ni muy bajo. A todos trata de “mi niña” o “mi niño”.
La respuesta no tarda en llegar con cifras no muy grandes: 2 mil… 3 mil… hasta 15 mil pesos, dependiendo de lo que ofrecen.
Una transacción normal, alguien compra y alguien vende. Hasta que él pide una gran cantidad, “me da 120 empanadas”, por ejemplo. Lo miran con desconcierto. Algunos creen que es una broma. Incluso con tristeza cuando se dan cuenta de que no tienen todo eso. Entienden que, de tenerlo, sería la venta de la semana… del mes… tal vez del año.
Algunos reconocen su voz, han escuchado su historia que más bien parece un mito urbano: “¿Usted es Camilo?”. Ante su silencio descubren que es él.
Es Camilo Cifuentes, un ciudadano anónimo en Manizales, una ciudad intermedia de Colombia en el Eje Cafetero. Los vendedores, muchas veces personas mayores, humildes, con una carga de problemas que no deberían soportar, quedan a punto de llorar. Camilo, suavemente, les pide tranquilidad. Los invita a tomarse su tiempo. Él puede esperar. Nunca hay prisa.
Siempre lleva las bolsas para empacar los productos, en una caja en la que, además, lleva una licuadora, un juego de cuchillos de cocina, unos platos, unos vasos, entre muchas cosas. Todos nuevos para regalarle al afortunado. Un par de horas más tarde, con su pedido completo, sin dejarles nada qué vender para ese día, hace la cuenta. Saca su calculadora y dice “120 empanadas a 2 mil pesos da un total de un millón 250 mil pesos”. Así son las matemáticas de Camilo, inexactas, imprecisas, amplias, con resultados que roban lágrimas y devuelven la fe en la humanidad.
Esos mismos alimentos los regala a los habitantes de la calle. ¡Generoso! Y Camilo obtiene su pago: un abrazo… un beso…, él no necesita nada más para volver a empezar.
En esta época, cuando palabras como redes sociales, viral, like o influencers se toman nuestra cotidianidad, muchas veces me preguntó ¿qué es realmente un influencer?
Nombres de personas que tienen fama o influencia hay muchos. Dicen que las Kardashian, Beyoncé, Messi o Cristiano, a nivel mundial. En Colombia podrían ser Karol G, Shakira, Maluma o Falcao. No tengo nada contra ellos, seguro que con su fama y sus millones de seguidores hacen cosas maravillosas. Lo que hace la Fundación Pies Descalzos de Shakira, por la educación de los más desfavorecidos en Colombia, es un ejemplo.
Pero, sí siempre hay un pero, ellos tienen fama gracias a la música o el deporte. Camilo Cifuentes no canta, no actúa, no modela, no juega fútbol, se ganó sus más de 11 millones de seguidores en Instagram y TikTok a pulso con su obra benéfica.
No es el único en el que pienso cuando me respondo quién es un influencer.
Tulio Zuloaga no se cansa de asegurar, a quienes lo quieren escuchar, que él está “graduado en fracasología”. Fue DJ en 88.9 la súper estación; fue cantante y grabó ocho discos; fue actor en telenovelas. Es más, fue mecánico en su pequeño taller. Saboreó la fama, pero extrañamente no la conquistó. Solo fue en su madurez, cuando se reinventó recomendando restaurantes grandes, pequeños y diminutos, que se convirtió en uno de los colombianos más conocidos. En 2017 creó el Burguer Máster en el que esperaba se venderían 12 mil hamburguesas y fueron en total 198 mil. Vinieron el Pizza Máster, el Sushi Máster y sus constantes visitas a cientos de restaurantes y negocios pequeños, de esos de barrio que luchan día a día para mantener una familia, a dos, pero no más de tres. Recorre Colombia en su moto lanzando a la fama a personajes que sobreviven inventando platillos y manjares, pero que sin el apoyo de Tulio no tendrían éxito o tardarían años en lograrlo.
Si alguna o muchas veces Tulio Zuloaga pensó en que era un fracasado, hoy es un gigante y las cifras lo demuestran. En 2022 los restaurantes que participaron en el Burguer Máster vendieron 40 mil millones de pesos; sí, 10 millones de dólares en hamburguesas. En 2023, en la misma jornada, se vendieron 2.890.154 hamburguesas. Solo multipliquen. Aquel muchachito que comenzó a perseguir sus sueños a los 12 años hoy le ayuda a miles de colombianos a que conquisten los de ellos.
Diego Andrés Guerrero apenas supera los 30 años y ya se ha convertido en una leyenda entre los campesinos colombianos. Cansado de que solo se hablara de los problemas de los pequeños agricultores en las épocas de campaña electoral, un día se aventuró a grabar con su celular videos que contaran la crisis de los campesinos. Cosechas que se perdían, falta de agua, ausencia de suministros, malos pagos a sus trabajos, todo servía para buscar crear conciencia. Hoy, recorre Boyacá y sus alrededores hablando con los campesinos, preguntándoles qué necesitan, buscándoles ayuda, ofreciendo los productos en sus redes. Lo hace con su propio dinero. No espera nada a cambio. Un contenido 100% social que se hace viral y que cambia las vidas de los más humildes y abandonados por el Estado.
Por eso, cada vez que me pregunto qué o quién es un influencer, se me vienen a la cabeza Camilo Cifuentes (@camilocifuentes962), Tulio Zuloaga (@tuliorecomienda) y Diego Andrés Guerrero (@soycampesinocol), ellos, sin que lo sepan, me roban una sonrisa de esperanza.
¡Síganlos y véanlos!